![]() |
![]() |
|
| Aquí te dejamos algunos muy buenos relatos. Disfrútalos y si conoces algún otro mandanosló a matesdivertidas@hotmail.com |
|
POESÍA MATEMÁTICA |
En las muchas hojas del libro de matemáticas un Cociente se enamoró un día dolorosamente de una Incógnita. La vio con su mirada innumerable y la vio desde el ápice a la base: Una figura impar; ojos de robot, boca de trapecio, cuerpo rectangular, senos esferoides. Hizo de la suya una vida paralela a la de ella, hasta que se encontraron en el infinito. ¿Quién eres tú? - indagó ella con ansia radical. - Pero puedes llamarme hipotenusa -. Y de hablar descubrieron que eran (lo que en aritmética corresponde a las almas hermanas) primos entre sí. Y así se amaron al cuadrado de la velocidad de la luz, en una sexta potencia trazando , al sabor del momento y de la pasión, rectas, curvas, círculos y líneas sinoidales en los jardines de la cuarta dimensión. Escandalizaron a los ortodoxos de las formas euclidianas y a los exegetas del Universo infinito. Rompieron convenciones newtonianas y pitagóricas. Y al fin resolvieron casarse, constituir un hogar, más que un hogar, una perpendicular. Invitaron como padrinos al Polígono y a la Bisectriz. E hicieron planos y ecuaciones y diagramas para el futuro soñando con una felicidad integral y diferencial. Y se casaron y tuvieron una secante y tres conos muy graciosillos Y fueron felices hasta aquel día en que todo se vuelve al fin monotonía. Fue entonces cuando surgió El Máximo Común Divisor. Ofreciole, a ella, una grandeza absoluta y la redujo a un denominador común. Él, Cociente, percibió que con ella no formaba un todo, una unidad. Era un triángulo, llamado amoroso. De ese problema él era una fracción la más ordinaria, pero fue entonces cuando Einstein descubrió la Relatividad y todo lo que era espurio pasó a ser moralidad como en cualquier sociedad. |
Millôr Fernandes (Brasil) |
|
EL AMOR |
En cierto libro de matemática, un cociente se enamoró de una incógnita. Él (cociente), producto de una familia de importantísimos polinomios. Ella, una simple incógnita, de mezquina ecuación literal ¡oh! ¡Qué tremenda desigualdad! Pero como todos saben, el amor no tiene límites y va del más infinito al menos infinito. Embargado, el cociente la contempló desde el vértice hasta la base, bajo todos los ángulos, agudos y obtusos. Era linda, una figura impar que se evidenciaba por: mirada romboidal, boca trapezoidal y senos esféricos en un cuerpo cilíndrico de líneas sinusoidales. ¿Quién eres? preguntó el cociente con una mirada radical. Soy la raíz cuadrada de la suma de los cuadrados de los catetos. Pero puedes llamarme hipotenusa - contestó ella con expresión algebraica de quien ama. Él hizo de su vida una paralela a la de ella, hasta que se encontraron en el infinito. Y se amaron hasta el cuadrado de la velocidad de la luz, dejando al sabor del momento y de la pasión, rectas y curvas en los jardines de la cuarta dimensión. Él la amaba y el recíproco era verdadero. Se adoraban con las mismas razones y proporciones en un intervalo abierto de la vida. Luego de tres cuadrantes, resolvieron casarse. Trazaron planes para el futuro y todos le desearon felicidad integral. Los padrinos fueron el vector y la bisectriz. Todo marchaba sobre ejes. El amor crecía en progresión geométrica. Cuando ella estaba en sus coordenadas positivas, concibió un par: al varón, en homenaje al padrino lo bautizaron versor; la niña, una linda abscisa. Ella fue objeto de dos operaciones. Eran felices, hasta que un día todo se volvió una constante. Fue así que apareció otro. Sí, otro. El máximo común divisor, un frecuentador de círculos viciosos. Lo mínimo que el máximo ofreció fue de una magnitud absoluta. Ella se sintió impropia, pero amaba al máximo. Al saber de esta regla de tres, el cociente la llamó fracción ordinaria. Sintiéndose un denominador común , resolvió aplicar la solución trivial: un punto de discontinuidad en sus vidas. Cuando los dos amantes estaban en coloquio, él, en términos menores y ella en combinación lineal, llegó el cociente y en un giro sin limites disparó su 45. Ella pasó al espacio imaginativo y el fue a pasar a un intervalo cerrado, donde la luz solar se veía a través de pequeñas mallas cuadradas. |
Autor anónimo |
|
CARTA DE AMOR A UN TRAPEZOIDE |
Querido trapezoide: - Señorita... ¿y el trapezoide? ... y sonó el timbre. Quedé fascinado: usted era un pobre, muy pobre cuadrilátero. Estaba allí, tenía nombre, pero nada más. Por eso a la mañana siguiente volví a insistir en el tema a la señorita.
Durante aquella época yo creí intuir que matemáticas y cosas sexuales debían tener algo en común pues siempre se nos pedía esperar a ser mayores para “verlo”. |
Claudi Alsina |
|
ROMANCE DE LA DERIVADA Y EL ARCOTANGENTE |
Veraneaba una derivada enésima en un pequeño chalet situado en la recta del infinito del plano de Gauss, cuando conoció a un arcotangente simpatiquísimo y de espléndida representación gráfica, que además pertenecía a una de las mejores familias trigonométricas. |
Autor desconocido |
|
LA BODA DE UN ÁBACO CONVERGENTE CON UNA VARIABLE INDEPENDIENTE |
Asomaba el sol por el eje de las X cuando los numéricos habitantes de las matemáticas Superiores se disponían a asistir a la boda entre un ábaco convergente y la variable independiente y finita. La novia se llamaba Fi-fi. Era el padre de Fi-fi un ilustre parámetro posicional, jefe del partido de los incrementos, finitos, y su madre había sido mantisa en las tablas logarítmicas, pero tuvo que dejarlo debido a una hipótesis repentina que degeneró en tesis y estuvo a punto de anularla. |
Leyenda antigua de autor desconocido |
|
BODA MATEMÁTICA |
Asomaba el sol por el eje X cuando los numéricos habitantes |
Autor desconocido |
|
LOS TRES CERITOS |
Érase una vez tres ceritos que vivían en un cuerpo K. Uno era muy listo, otro muy vago, y otro muy confiado. |
|
Erase una vez un matemático muy bueno, llamado Galoisetto, al que le gustaba mucho hacer construcciones con regla y compás. Quienes lo conocían afirman que había construido de este modo toda la colección de números racionales, que sólo enseñaba a sus mejores amigos. |
David Gutiérrez Rubio |
|
EL NIVEL 11 |
Teorema de Yuki–Wellisky: Todo proceso autoevolutivo que satisface las |
David Gutiérrez Rubio |
|
VECTORCITO ROJO Y LA MATRIZ FEROZ |
Erase una vez un vectorcito que vivía con su familia generadora en su casita, |
David Gutiérrez Rubio |
|
EL TEOREMA INTERMINABLE |
Libros Leídos Al Menos Una Vez. Propietario: Karl Klein Kolmogorov. Yu era un número primo bastante mayor que 113, el mayor conocido hasta |
David Gutiérrez Rubio |